Despertó los sentidos cuando apoyó sus pies desnudos sobre el gélido mármol londinense, aún presa de las sábanas con aroma de mujer. La superficie de granito le cubrió la planta de los pies con precisión quirúrgica; fue la sesión de acupuntura más barata a la que había asistido y estaba demasiado dormida para quejarse. Intuyó a su agenda cargada de tareas y la idea la deprimió. "Genial -pensó en tono socarrón-, nada mejor que desayunar Valium con mi zumo de naranjas".Entonces la rutina la persiguió: multiplicación de células malignas, invasión del tejido circundante y, claro, metástasis linfática. Sus libros de cabecera no hacían más que hablar del cáncer, una lectura provechosa, pero poco feliz. Afectada desde lo anímico y espiritual, su cuerpo no presentaba vestigios de una muerte silenciosa, más bien eludía las miradas ajenas por miedo a comprometer él órgano más vulnerable: su corazón.
Maggie era adicta a sí misma, pero más adictos eran los hombres que anhelaban su placer. "Qué tontos -sonrió ella-, van a terminar sufriendo más que yo"
by LuKeTaS!
(28/1/11)
