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lunes, 5 de julio de 2010

Abatido


La música sonaba de fondo, desatendida, abandonada, perdida en su presencia. Los cuerpos tendidos sobre el sofá: ella insistía en hablar y yo deseaba no quedarme sin palabras ni aliento.

Delicadamente -cómo si no-, ella se recostó y acomodó su cabeza mirando al cielo. Yo necesitaba atragantar las lágrimas y confesarme; inhalar coraje y exhalar temor. Respirar como antes de conocerla.

Y la miré deshecho...

Recorrí su rostro con mis ojos lluviosos y agaché la cabeza en busca de redención. Era demasiado para merecerla.

Ella se volvió hacia mí sorprendida, con mirada soñolienta y mortal ingenuidad.

-¿Lucas? ¿Te sentís bien? Te tiemblan las manos-, preguntaron sus labios.

-Sos tan hermosa que duele-, dije. Y las palabras golpearon en mi pecho.

by LuKeTªS!

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