
La música sonaba de fondo, desatendida, abandonada, perdida en su presencia. Los cuerpos tendidos sobre el sofá: ella insistía en hablar y yo deseaba no quedarme sin palabras ni aliento.
Delicadamente -cómo si no-, ella se recostó y acomodó su cabeza mirando al cielo. Yo necesitaba atragantar las lágrimas y confesarme; inhalar coraje y exhalar temor. Respirar como antes de conocerla.
Y la miré deshecho...
Recorrí su rostro con mis ojos lluviosos y agaché la cabeza en busca de redención. Era demasiado para merecerla.
Ella se volvió hacia mí sorprendida, con mirada soñolienta y mortal ingenuidad.
-¿Lucas? ¿Te sentís bien? Te tiemblan las manos-, preguntaron sus labios.
-Sos tan hermosa que duele-, dije. Y las palabras golpearon en mi pecho.
by LuKeTªS!

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