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lunes, 5 de julio de 2010

La vergüenza de Argólida


La piel dorada de la bestia rechazaba los azotes de un hombre que era Dios.
Y desviaba flechas de fuego, que incendiaban todo a su alrededor.
Su mano desnuda empuñó el arma, recordando su condición animal,
pero la blandió con fuerza desmedida, invocando su don celestial.

Hijo de Tifón y hermano de la esfinge de Tebas, los ojos del monstruo ardían de exitación.
Sus colmillos se hundían en la carne del héroe, saboreando un rojo carmesí que era pasión.
"Será lo último que beberás en vida", profetizó su redentor.
Y Heracles indujo su brazo en las fauces... y estranguló su hambre con dolor.

El león de Nemea yacía sobre sus hombros.
Aún lo protegía sin vida, con la piel llena de vigor.


by LuKeTªS!

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