
La misión se había desviado de su camino, pero el trofeo de guerra debía ser purificado. Fundamentalista -ortodoxo-, hincó los dientes en su presa y utilizó la lengua para mancillar el dolor. Abrió las fauces sedientas de placer y asfixió sus labios deslizándose garganta abajo, explorando los sentidos, sintiéndose animal. Sus manos recorrieron la cintura de ella y jugaron con su pelvis a oscuras, manteniendola cautiva, descubriendo en la carne el precio de la libertad. El acto se repitió incesante, sólo dejaron espacio para tibias bocanadas de aire, alimentados por un frenesí agudo que era pasión.
Y sus cuerpos colapsaron en deseo, enredados, descendiendo al infierno que castiga el pecado, un círculo de almas rotas y sexos alterados.
La sangre inundaba su mente, cada vez más marchita y abstracta, inmersa en Jerusalén, poseída por el horror.
"¿Cómo pudiste hacerlo?", preguntó Beatriz, al tiempo que sentía su anillo pesado y sin valor.
"Fui débil... La guerra me cambió", contestó Dante, con los ojos llenos de adulterio y decepción.
by LuKeTªS!

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