Powered By Blogger

lunes, 5 de julio de 2010

Requiem


Las puertas conducían por caminos diferentes y el hombre las atravezaba con su mirada.
Se erigían sobre sus propios cimientos, imponentes, enfrentando sus rostros sumidos en
la eternidad, perdidas en lo blanco de un aura inexistente. Apelmazado en su interior se
desplegaba una arquitectura cóncava producto de la depresión que sufría en carne propia,
dejando lugar a un pentagrama pergeñado a corazón abierto, donde los trazos de sangre
se dividían en perfecta forma geométrica, conservando su rojo punzó.

Sin salir de su asombro, el hombre era acechado por una cúpula que se levantaba sobre
sus hombros y descansaba en las extremidades del lugar, sostenida por dedos invertidos
de yemas porosas y piedra caliza.

El paisaje era majestuoso, pero su ansiedad no le permitó saborearlo por más tiempo.

El ojo de la cerradura escondía un destino partido en dos que reconocía el camino
recorrido en partes exactas. A la intemperie -a la deriva-, el hombre se halló a si mismo,
prisionero de sus sentimientos, víctima de sus deseos. Artífice de su propia encrucijada.

A su izquierda, sobre la puerta del ocaso, rezaba una leyenda atemporal:

"Soy la caída del hombre"

En el vértice opuesto, sobre la puerta del alba, el grabado soslayaba como la sombra
espejada por el sol:

"Soy el ascenso del hombre"

No sería la primera vez que se hacía paso al andar, pero sí sería la última.
El azar invitaba a abrirse de par en par y el hombre pendía de su decisión.
Se ubicó en el centro del pentagrama carmesí y cerró sus ojos almendrados,
invocando a su guía en busca del conocimiento. El progreso en su máxima expresión.

Y una voz quebró el silencio.

"A la izquierda yace la reencarnación, una nueva mortalidad. El tesoro de Dios.
A la derecha te espera el saber, las respuestas a todas las interrogantes. El anhelo
eterno".

El hombre abrió los ojos con pereza. Su cuerpo desnudo miraba el ocaso.

"¿Estás seguro? -cuestionó la voz -. Quizá no encuentres la felicidad que tanto deseas"

"Jamás lo sabré hasta no intentarlo", respondió el hombre, que un grano de arena más
tarde rompió en llanto cómo un bebé.

by LuKeTªS!

No hay comentarios:

Publicar un comentario