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lunes, 5 de julio de 2010

El club de las almas perdidas


La silla rechinaba avergonzada. Se retorcía de dolor sobre su propio eje, descansando un cuerpo vacío que crujía por las humedades. Sentía escalofríos que subian por sus grietas y cubrían sus extremidades, causando insensible placer. El aire sabía a ron y nuez moscada, viciando un ambiente inmerso en el olvido. Los rostros circulaban y se esfumaban. Lo único que perduraba eran sus tristes miradas.

Decepcionadas,
desoladas,
corroídas por un sentimiento de culpa más grande que el amor.

Y las calaveras chillaban. Observaban sin ojos las vidas robadas de personas destinadas a morir. Y reían a carcajadas. Reían y lloraban; atrapadas en un limbo del que jamás iban a escapar, un ataúd abierto y sin enterrar, presas del horror.

La silla se reclinaba. El cuerpo vacío que la alimentaba era peso muerto a sus espaldas. Pero la puerta chirrió; lanzó un gemido contenido y se abrió dando paso a un viento desgarrador. El cuerpo se evaporó como castillo de arena en medio del desierto, sin dejar rastros de su aparición.

Un nuevo rostro se había unido al club.
Su mirada lo confirmaba.

by LuKeTªS!

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