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lunes, 5 de julio de 2010

El placer del Edén


El café aún estaba tibio
Su aroma despertó mis sentidos, pero no logró exiliar su fragancia
El perfume de su piel apuntaba a mi corazón

Triste,
solitario,
vulnerable

Ella mojó sus labios y lanzó una mirada sabrosa
"No puedo leer la borra de tu mente", pensé resignado

Ella me escrutó con sus ojos y retorció la herida que yacía en mi alma

-"No te encuentro, estás perdido", razonó sin vacilar.
-"Sí -respondí desconsolado-, estoy perdidamente enamorado de vos".

LuKeTªS!

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