
No tenía cerrojo pero estaba cerrado; el cofre que guardaba secretos encantados.
Al alcance de todos, lejos de ninguno; la distancia era corta y el sello seguro.
Su piel de madera atesoraba en su vientre las desgracias humanas.
Pecados de un destino tentado por la gula.
Sus presas eran niños que decían llamarse hombres: solo les pertenecían sus nombres.
Y ella jugaba con su caramelo.
Saboreaba una cereza hecha dulce y mataba en cámara lenta.
La plaga tenía forma de mujer.
Oculta en la evidencia, visible para quien la pudiera ver.
by LuKeTªS!

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